Los procesos de elaboración del vino funcionan a día de hoy con mayor complejidad que antaño. Ya nada se deja al azar. Ese exhaustivo control hace que, precisamente, cada vez los vinos sean de mayor calidad y se eviten problemas. Esta cuestión ha provocado que las bodegas vayan incrementando su interés por un seguimiento constante de la evolución del vino y un control exhaustivo de todas las fases que lo componen, en especial de la fermentación y la crianza.